El perro no me hace caso y no me obedece: ¿Qué hago?

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Jack Russell terrier wearing dog harness next at water background

El perro no me escucha o “el perro no me hace caso”: es una frase que hemos escuchado muy a menudo, veamos qué hacer ante esta situación.

¿Qué hacer si el perro no me hace caso? Es una pregunta que a menudo nos han hecho en redacción: ¿cómo comportarnos si tiene problemas para comunicarse con nuestro amigo de cuatro patas? La esfera del lenguaje ya es compleja en sí misma para ser tratada entre los seres humanos, imagínate entre las diferentes especies.

Sin embargo, en este artículo intentaremos proporcionar un par de indicaciones útiles para mejorar el “diálogo” con tu mascota.

También porque, cuando faltan los elementos básicos para un diálogo sano y bilateral, es probable que todas las relaciones fracasen.

El perro no me hace caso: un problema de comunicación

Tanto para los hombres como para el mundo de los perros, debemos comprender y establecer un código de referencia mediante el cual podamos orientarnos en la comunicación con nuestro interlocutor de cuatro patas.

Debemos partir de un dato que para algunos pueda resultar sorprendente: ¡no todos los perros que no obedecen son incurablemente obstinados y desobedientes!

Muchas veces hay un problema de comunicación. Entonces entendamos cómo “sintonizar la misma longitud de onda” del perro de casa.

El perro no me hace caso: el lenguaje corporal es fundamental

En primer lugar, debemos partir del supuesto de que, mucho más que los humanos, el perro presta mucha atención al “lenguaje corporal”.

Interpreta nuestros movimientos y nuestra postura de una manera muy precisa. Por lo tanto, debemos prestar mucha atención a cómo nos acercamos al animal.

En resumen, tenga en cuenta que existe una comunicación no verbal, que va desde la dirección de nuestra mirada al modo en el que nos inclinamos.

Comencemos analizando el uso de nuestro cuerpo en el diálogo con nuestro perro.

El perro no me hace caso, dos consejos básicos:

  1. Evitar movimientos demasiado rápidos y bruscos;
  2. Las trayectorias circulares son predecibles, ¡mejor girar lentamente en torno a las cosas;
  3. Otro ejemplo, concretamente: es mejor no inclinarse hacia abajo, con una sensación de casi incumbencia, sino agacharse con las piernas y extender los brazos como para recibir una inspección del animal.

Siempre permaneciendo en la órbita de la comunicación no verbal pero visual, analicemos la estrategia correcta que se aplicará al diálogo con el perro en relación con nuestras expresiones faciales.

Incluso nuestra mimesis facial tiene un peso decisivo en la economía de la comunicación con la mascota.

Por ejemplo, debemos evitar reírnos ante las actitudes equivocadas pero divertidas del perro para evitar que estos perciban los gestos que deben evitarse como gestos que nos hacen felices.

El perro no me hace caso: sus signos

Luego están las “señales calmantes” que el perro a menudo no usa en casa porque no está acostumbrado a hacerlo, ya que en este sentido no se crea un “vocabulario común”.

Los más comunes y universalmente reconocidos (especialmente después de los estudios de Turid Rugaas) son: mostrar un lado y mirar al otro, dar la vuelta, girarse de espalda o girar la cabeza.

Obviamente también levantar la pata: sería como nuestro apretón de manos. Pero también hay otros menos “conocidos”, en cierto sentido, como: cuando lame su hocico u olfatea el suelo.

También alternar su mirada entre el suelo y el sujeto frontal. Tenga esto en cuenta para una discusión lo más bipartidista posible con su amigo cuadrúpedo.

El perro no me escucha cuando lo llamo: la voz también es importante

Ahora llegamos al uso de la voz. También, por supuesto, fundamental. El tono debe ser tranquilo y decidido, ambos a la vez.

Tenga en cuenta que los gritos serán de poca utilidad, especialmente si la autoridad para hacerlo no se ha desarrollado en el punto correcto.

Vale la misma regla que se aplica a los niños: gritar puede servir, en algunos casos, para asustar al pequeño, pero no resolverá el problema.

Pero más allá de la tonalidad y modalidad, ¿hay palabras u oraciones completas que decir o no decir? ¿0 fórmulas que van a apoyar nuestra relación con el perro?

Por supuesto: una gran parte tiene que ver con la ejecución de comandos

Hablamos de comandos de control u órdenes, más o menos funcionales para un propósito, que nos gustaría que nuestro perro realice.

En este caso, se dice simplemente que el perro asociará algunas fórmulas vocales con ciertas acciones.

Entonces, por ejemplo, una frase como “¿Dónde está la correa?” Proyectará a nuestro amigo directamente al parque (a menos que tenga un gran temor del mundo exterior).

El perro no me hace caso: premios

Fundamental también el sistema de “premios” vinculados a una relación que podríamos definir de causa–efecto, o más bien de acción–recompensa.

Cuando una comunicación entre usted y su perro es exitosa, cuando está seguro de que ha establecido una melodía entre la acción requerida y la reacción obtenida, un pequeño señuelo a la mascota puede ser una panacea para desencadenar un círculo virtuoso.

Todos los hechos y situaciones que hemos enfrentado hasta ahora deben filtrarse oportunamente en la perspectiva de la más completa congruencia entre gestos.

¿De que se trata? Esta es la consistencia básica en la educación del animal: importar diferentes órdenes según los momentos, o incluso ser contradictorios, puede resultar perjudicial.

Al igual que la educación de los niños, es importante que haya una y solo una figura de “educador” para evitar confusiones y contradicciones.

En conclusión, surge una reflexión espontánea: más a menudo de lo que creemos que sucede, el perro no entiende, ¡no es que no escuche!.

Intentamos identificarnos, ponernos en su lugar y crear un verdadero puente de comunicación con nuestro amigo de cuatro patas.

A pesar de que, obviamente, puede ocurrir que los perros se encuentren realmente mal y / o rebeldes, ahora deberíamos haber entendido mejor que si el perro no obedece, es probable que no hagamos las preguntas correctas. Ármate pues con paciencia y … vocabulario!.

 

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